La poesía.

 

    La forma de cumplir mis sueños y una de las grandes ilusiones que he tenido en mi proceso de vida, es poner por escrito los momentos mágicos captados con la palabra. Al conjuntar las ideas en juicios, los párrafos se van estructurando haciendo aparecer lo estético y la musicalidad de las rimas que conmueva los sentimientos.

 

Tengo sabido que el pensamiento escrito, fue una de las formas más antiguas que ha utilizado el ser humano para transmitir una información en un tiempo y un espacio. En el trascurso cronológico, se establecieron las directrices del contenido de lo escrito, instaurando los llamados géneros literarios. Uno de estos géneros es la poesía. Es en la poesía donde se revela la hermosura y la armonía de las palabras trazadas en frases impregnando emociones propias o ajenos. 

 

Este tipo de género literario toma sentido al suplir los conceptos en metáforas.  Se pueden escribir los secretos de los amigos presentes o lejanos, el amor hacia nuestros padres, la alegría de nuestros maestros, la tristeza por el ser que ha partido antes de tiempo, lo bello de la naturaleza.

Las poesías se tildan con un título, es la esencia de un mensaje sublime. En este tipo de género se puede conjugar lo pagano y lo espiritual, lo pasajero y lo eterno, la pasión y lo místico. Al realizar esta conjugación, pienso que en una sola realidad; “la vida existencial con toda su problemática”.

 

El principiante, sus poesías no son escritas de manera profesional, tal vez no alcanzarán el nivel de las de Federico García Lorca, por ejemplo, u otros poetas inmortales, pero el hecho de aventurarse por estos vericuetos es asomarse hacia lo espiritual.

En mí caso, la creación poética, es sólo una enfermedad pasajera, como el sarampión, de la que quizá pronto quedaré sanado. Mientras pase esta enfermedad, deseo compartir mis sentimientos de toda una época de mi vida, como parte de esa cura.

Al escribir un verso, canto lo que hay dentro de mí interioridad y de mi exterioridad. Escribo lo que hay en esta región. Imagino otros continentes, y me traslado espiritualmente otra galaxia.

Creo que la poesía todavía es capaz de levantar olas de los témpanos de hielo, para calmar los sentimientos ardientes. En la noche oscura, sin luna, sueños o esperanzas, el poeta tendrá que gritar sus versos. Los que han estado alguna vez al borde de la muerte, saben que es lo que sienten ver el mundo como algo precioso y nuevo, juzgar como bello todo cuanta ve, porque verdaderamente lo está viendo y conociendo como tal, quizá por primera vez.

A veces las cosas normales y aburridas de la vida cotidiana podemos percibirlas llenas de intensidad y desborde de significados. La mayor parte del tiempo, el increíble vigor que emana de la flor del campo o del jardín o la sencilla elegancia de un perro que se acurruca a la sombra de un árbol nos pasan desapercibidos porque estamos preocupados por asuntos importantes para nosotros; tenemos lugares donde llegar, cosas por realizar, horarios que cumplir. Basta, sin embargo, que lo cotidiano se vea amenazado, para que, quizá por primera vez, comencemos a ver la vida de una manera diferente y comencemos a aquilatarla.

A veces, describir algo puede arrancarnos lágrimas repentinas. La poesía puede sacudirnos, hacer que despertemos, y llevarnos frente a frente con aquellos que es real.

Si los humanos, leyéramos y escribiéramos más poesías, seguramente habría menos guerras e injusticias.

Mis poemas están escritos con todo mi ardor de espíritu joven, triturando a cada instante y sin medida las sílabas, para hacer germinar la semilla de la sabiduría. 

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