UN HIMNO PARA EL JUVENIL

 

          No quiero colgar mis zapatos de tachones,

Ni doblar mi playera de juego, o arrumbar mi mochila;

tampoco enterrar mis recuerdos a tablones,

sin escribir mis sentimientos, el tren también se descarrila.

 

En el “juvenil” está lleno de historia, el futbol por filosofía no solo fue diversión,

practicado para armonizar cuerpo y mente.

La “hermandad” sigue siendo una defensa con devoción,

el esfuerzo en cada encuentro deportivo siempre estuvo presente.

 

Quien ideó el escudo pensó en lo imborrable,

representó lo humano y lo divino.

acomodó el color verde y el amarillo místico adorable,

todo lo encapsuló dentro de un corazón genuino.

 

Como si estuviera escuchando los gritos del aficionado, las porras, los regaños,

Los goles, las estrategias, los enfrentamientos,

se convierten en ecos de una emoción que duró años,

Hoy, solo son recuerdos de buenos sentimientos.

 

Con gran afecto menciono a mis compañeros de equipo,

con ellos fui feliz patear un balón.

Respeté a los equipos contrarios en cualquier campo,

pero, a la hora de la hora siempre con la visión de ser campeón.

 

¡Ya son cinco décadas, y te sigo amando con pasión!

El gusto por tus colores se ha utilizado dentro de un campo de juego,

también para despedir al que se ha adelantado elevando nuestra oración,

te recordaré mientras en esta vida navego.

 

          Hablar del juvenil es dialogar en voz alta, escribe el poeta,

Grande es tu leyenda al horizonte señala,

Siempre sol, jamás silueta,

Lo deshonesto aquí reprueba.

 

el encuentro es nuestro, levanta el puño todo el equipo,

a divertirse grita el público,

yo me encargo de los goles, arremete el centro delantero.

Nuestro sentir; “si aquí seguimos, pues a darle, el deporte nos une”.

“por siempre “Juvenil” mientras el cuerpo y la mente nos favorezca”

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