¡UN FILÓSOFO SIN FE!

 

ESTEBAN ALEJANDRO GARCÍA*

        Egresado de la carrera de filosofía hace más de dos décadas, los mismos ejerciendo la enseñanza de esta ciencia perenne e inagotable.

       Por doquier encuentro escrito de especialistas de esta disciplina afirmando, la Filosofía es la más antigua de todas las ciencias, al mismo tiempo decretan que sigue siendo la más novedosa de todas las ciencias humanas, concuerdo con estos.

     Prefiriendo cualquier juicio ya sea afirmativo o negativo, de cultivarla o renunciarla, determinar si es servible o inservible, de triunfo o de fracaso; y demás notas a favor o en contra emitidas por iniciados, o los que opinan sin conocer las causas. Esta ciencia, no ha tenido necesidad de ser defendido por sabios o intelectuales en todo el curso de la historia; desde su inicio y hasta en la actualidad. Existen puntos de vista divergentes. Ha sido para mí una “utilidad invisible”. Los años de experiencia en la docencia, cual estudiante sigo reverenciando mi pasión por la filosofía, lo he expresado a manera de respuesta a toda duda. Mis conocimientos sobre esta ciencia estuvieron influidos en el epicentro de lo sagrado. Elegí caminar por la periferia de lo profano dejando un lado la influencia de lo sagrado.

    Cierta ocasión expresé a mis amigos y compañeros que dedicaría mi persona al campo filosófico, lo abrazaría como estilo de vida personal. La mayoría auguraron mi futuro con juicios de alerta: “Vivirás como un pagano, a pesar de que tienes fe”, “Serás un excluido de la sociedad”, “Perderás el tiempo buscando respuestas imposibles” “Morirás de hambre”. “Que le ofrecerás a tu familia que te ha dado todo” Todas estas predicciones nada agradables en escucharlos, mi respuesta fue, me dedicaré a la enseñanza de la filosofía, y dejar a un lado la teología.

       Cierta ocasión, como si hubiese retrocedido en tiempo y espacio escuchando a mis amigos y compañeros; uno de mis alumnos de preparatoria, el más intrépido del grupo, se levantó lento y dirigiendo su mirada hacia el pizarrón, donde me encontraba describiendo la palabra filosofía, me cuestionó con tres preguntas: ¿Por qué estudió filosofía? ¿Qué se necesita para ser filósofo? ¿Es remunerado esta carrera? Conforme iba hilvanando cada cuestionamiento, su mirada se iban convirtiendo en certeros golpes de nocaut buscando una respuesta racional. A pesar de los años y de ser un profesional de la filosofía, debo confesar que estas preguntas me tomaron por sorpresa, opté salirme por la tangente “En la siguiente clase te daré mi respuesta” —Conteste a mi alumno. Liberarme de ese tormento no fue fácil. Sócrates, el mártir de la filosofía, en cierta ocasión recomendó a sus discípulos “una vida no analizada, no vale la pena de ser vivida” Tuve que remontarme en un autoanálisis para dar una respuesta a mi alumno, tal vez por aquello de que tenía pensado estudiar filosofía, pero sobre todo entender el compromiso que encierra con el “otro yo” ¿Qué hago de mi existencia? Pregunté a mi conciencia. Frente a este mundo dominado por la tecno-ciencia, estudiar filosofía, para muchos, es semejante a optar por la locura. ¿Quién necesita un filósofo? Es un tipo raro y extravagante escucho decir de los medios informativos. La reflexión puede esperar, aunque para muchos tampoco interesa, lo que impera en este momento es el utilitarismo, el consumismo…conformismo.

     El filósofo debe gustarle la lectura, no solo de libros, sino la lectura de los acontecimientos sociales, culturales, económicos, políticos históricos, y todo aquello que incide una capacidad racional. El filósofo debe saber leer para interpretar y buscar alguna respuesta a los interrogantes más apremiantes. Sobre la tercera rúbrica, no es que para el filósofo el dinero no sea necesario; lo es, pero no es el punto límite de su existencia, las variables son trascendentales como los valores o el sacrificio de donarse hacia los demás. Según mi percepción, una vocación es entrega y ayuda.

       Circulan gran cantidad de libros y revistas; escritos por renombradas personalidades en el mundo de las letras, expresando la utilidad o inutilidad de la filosofía, no es mi intensión externar mi punto de vista sobre estos dos cuestionamientos.

     Quise vivir como un hombre pagano, tal como auguraron mis amigos, sin embargo, mi cosmovisión de filósofo me ha hecho descubrir que todo conocimiento hoy descubierto y explicado lleva implícito una fe. La fe no pertenece solo al mundo de la religiosidad. Según yo, tener fe es la creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior (un Dios o varios dioses) que generalmente implica el seguimiento de un conjunto de principios religiosos, de normas de comportamiento social e individual y una determinada actitud vital, puesto que la persona considera esa creencia como un aspecto importante o esencial de la vida.  Y las creencias y la filosofía al de la razón. Históricamente la palabra fe (en latín fides). En el pensamiento judío (hebreo) se define como “aquella certeza de lo que se espera y evidencia de lo que no se ve”. Tengo la plena convicción que la filosofía es aún una posible respuesta ante tanta desesperanza de una crisis de humanismo, el antídoto ante todo lo ilógico, la lupa para descubrir las falacias que se expresan cotidianamente y todos los ambientes ajenas a la verdad. Quien verdaderamente no cree en un cambio es la derrota de un anticipado escéptico.


PROFESOR DE FILOSOFIA. ESCUELA PREPARATORIA OFICLA (EPO 153)

 




 

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