FILOSOFÍA Y GLOBALIZACIÓN CULTURAL DEL SIGLO XXI.

                                                                    *ESTEBAN ALEJANDRO GARCIA.

 

       Pasado una década del siglo XXI, docente de profesión a nivel Media Superior, asignado para impartir la asignatura FILOSOFIA. Llegado el momento de hablar de este término milenario, mis alumnos me cuestionan de manera frontal. ¿Para qué sirve la filosofía en este mundo conectado y globalizado? Mientras trato de asimilar la pregunta para dar una respuesta que satisfaga la curiosidad de mis estudiantes, evado la interrogación por no tener una réplica satisfactoria. Recurro a la astucia para aprovechar las condiciones de los conocimientos previos que poseen mis estudiantes, ellos a través de la técnica “lluvia de ideas” expresen sus opiniones.

      He aquí algunas respuestas que escuché y lo transcribo: La filosofía es algo que para nada sirve, es propio del filósofo remontarse a su mundo de especulación, de la teoría y carencia de práctica, se remonta a su propio mundo olvidándose de la realidad de la vida. El filosofo es un tipo extravagante, un hombre sin sentido de la vida, un soñador que pasa gran parte de su existencia inventando teorías, ocupa su tiempo en querer componer el mundo a su manera; mientras el suyo es una calamidad. Quedo sorprendido por las innumerables opiniones que cualquier diría son de insulto a este saber histórico.

       Esta misma inquietud de cuestionamiento, algunos compañeros profesionistas docentes; he escuchado de ellos expresiones de descrédito hacia esta ciencia humana y todo lo concerniente a su problemática, por ejemplo afirman: La filosofía no sirve para solucionar problemas de índole material, es una pérdida de tiempo en estudiarla, es la más vetusta de todas las ciencias, los filósofos se mueren de hambre, necesitaría estar loco para ser filósofo, en este mundo globalizado la filosofía no aporta solución a las problemáticas existentes.

    Muchos de estos juicios, algunas cargadas de certidumbre, otras meras opiniones subjetivas, cierto no dejan de ser cuestionables. En este sentido deseo aportar mi punto de vista, no como una defensa de la filosofía misma, porque ella misma aporta sus respuestas, sino desde mi propia convicción de ser un docente de la filosofía.  El título de este artículo, “filosofía y globalización cultural del siglo XXI” creo que, el mundo globalizado que nos ha tocado vivir en este momento, las inmensas ocupaciones de la vida, el auge creciente de aspectos de índole material, el avance virtual de la comunicación, la época del consumismo, etc.; nos obliga a circunscribirnos en nuestro radio de acción tan solo a lo más inmediato, a la solución de los problemas más urgentes, sin dejar tiempo de pensar un poco, meditar en lo más íntimo de nuestra conciencia. Refiriéndome a Sócrates, “he llegado a pensar y sobre todo convencerme que una vida de puro bienestar material, de puros goces de los sentidos, “actuar por actuar” sin que participe la inteligencia, es una existencia demasiado miserable”. Expresa.

¿Para qué sirve la filosofía? Si por filosofía se entiende un afán científico, de orden y finalidad comprobada, estoy de acuerdo que la filosofía no constituye un valor positivo. Sin embargo, la filosofía es algo más grande, algo más noble, más digna. La filosofía es algo que llevamos dentro de nuestra conciencia de manera embrionaria. Todo hombre tiene su propia filosofía, todo hombre filosofa. La filosofía busca las causas y principios con sentido de universalidad. Es la ciencia de los por qué, pero llevándolos hasta su última explicación posible. Y sobre la Globalización Cultural, la filosofía debe explicar racionalmente el proceso de exportación, la expansión y asimilación de costumbres, valores, expresiones artísticas, creencias religiosas, gastronomía y tradiciones, es decir, entender el alcance y las limitaciones de la expansión de la globalización ante un mundo hegemónico. Buscar respuestas que puedan convencer a una sociedad escéptica. La filosofía, que sea la herramienta para evitar infinidades de cosas que hacemos o pensamos de forma incorrecta.

     Los que opinan que la filosofía no tiene ningún sentido práctico, le despojan violentamente de su fundamentación de la realidad. La filosofía es lo más practico que pueda concebir el ser humano, aunque parezca atrevida mi afirmación. La filosofía debe ser el impulso de la vida del espíritu, pero sin olvidar que el espíritu no dice negación del orden material. El mal de nuestro tiempo, no es un mal moral, es un mal intelectual. El remedio quizá sea: “pensar, razonar, y llevar una vida acorde con la naturaleza de nuestra razón, de nuestra inteligencia” Según yo, para esto sirve la filosofía.

 *Profesor de filosofía.  EPO 181.

 

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