LA ADMIRACION.

Esteban Alejandro García. *

 

 

       La filosofía, surgió hace muchísimo tiempo, allá por el siglo VI a. C, en la antigua civilización de Grecia. Se dice que la filosofía surgió cuando el ser humano empezó a admirar o asombrarse de ciertos fenómenos de la naturaleza que no podía darles una explicación. Aquellos fenómenos existentes desafiaron su racionalidad para buscar una explicación del porqué de la existencia de ciertos fenómenos. Empezó a plantearse una serie de preguntas, ejemplo: ¿Qué es el hombre frente a este inmenso universo? ¿Por qué la tierra se mueve? ¿Por qué los hombres mueren? ¿De dónde se origina la vida? …etc.

 

        "Todo hombre desea naturalmente saber", afirmó Aristóteles, hace XXIII siglos, en su obra la metafísica, y el escolástico, Tomás de Aquino, en el siglo XIII, reafirmó esta misma idea con las siguientes palabras: "La naturaleza ha depositado en cada hombre la necesidad de saber la causa de aquello que ve y precisamente por la admiración de lo que veían (hombres) cuyas causas, les eran desconocidas, los hombres empezaron a filosofar, y finalmente descansaron al encontrar la causa de cuanto buscaban" (Summa contra gentiles L. I. C. I.).

 

Vitalmente, la existencia de esta disciplina llamada filosofía, surgió gracias a la admiración, así lo aseguran los que en Grecia llevaron esta ciencia a su plenitud, como son: Platón y Aristóteles. Platón, enseña: "Ciertamente es propio del filósofo el sentimiento de la admiración, pues no es otro el origen de la filosofía" (Teetetes, 195 d). Por su parte, Aristóteles comenta en su obra: “Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por el asombro” (Metafísica 1, 1, C. 2).

 

La curiosidad o inquietud intelectual de los estudiosos, buscan las causas y razones del origen del porqué de las cosas. Este porqué lo ha hecho el hombre desde que tomó conciencia de sí mismo; con ello ha logrado conquistar los dominios de la ciencia.

 

 

 

Y A TI, ¿QUÉ PUEDE ASOMBRARTE?

Jorge Galindo González.

 

¿Qué es el asombro? ¿Cuándo fue la última vez que te asombraste? ¿Por qué te asombraste? Estas preguntas tal vez no te sean comunes, porque de acuerdo a diversos estudiosos de la vida social y cultural, en la dinámica social contemporánea se afirma que el hombre occidentalizado está perdiendo su capacidad de asombro. Se argumenta que es efecto de la actitud pragmática, hostil, egoísta y utilitaria que las sociedades modernas hemos asumido frente a nuestras circunstancias, sociales, naturales.

 

Algunos filósofos contemporáneos afirman que, ante la falta de asombro, el hombre actúa indiferente, insensible, porque parece que todo es normal, es decir, que no hay motivos para estar alerta o mantener una postura abierta a cosas que nos pueden sorprender, perjudicar o limitar, porque la tendencia apunta a no buscar acerca de las cosas del mundo, sino tan sólo a esperar lo que el medio, el mundo, los otros ofrezcan y así elegir, así vivir. Porque sin asombro no hay duda posible y sin ésta, tampoco hay búsqueda de saber, de conocer sobre aquello que nos asombra. Asimismo, hay autores que hablan de una corta duración de nuestra capacidad de asombro, reducida a minutos, incluso a segundos como efecto del constante bombardeo de información y estimulación audiovisual de nuestro tiempo.

¿Y qué pasa cuando nos asombramos? En ese momento estamos ante algo que no sabemos, que no conocemos o no entendemos, porque el asombrarse va de la mano de la “ignorancia”, debido a que no puede causar sorpresa lo que no está en nuestro conocimiento. O forma de ver concebir y ver la vida. Nos asombramos al ser ignorantes, porque si conociéramos sobre lo que nos asombra, entonces no nos asombraría.

 

El filósofo Griego Sócrates afirmaba que el verdadero sabio es aquel que reconoce su propia ignorancia, en tanto asombro e ignorancia son como las dos partes del afán, de conocer. Así el asombro es el umbral del conocimiento, desde él se puede plantear las preguntas sobre lo no conocido e ir a la búsqueda de las respuestas, del saber. Simplemente, sin asombro no se va a ninguna parte en cuestiones de investigación, de saber y estará en dependencia de lo que otros dicen, sin cuestionar, sin dudar, sin indagar. Aceptando lo que nos dicen los demás sin más, relegando a un segundo plano nuestra capacidad de conocer y de asombrarnos.

 

Al aprender podemos generar teorías, o simplemente aceptar las existentes. Podemos generar conocimiento o sólo repetirlo y, e implementos tecnológicos que nos beneficien. Vivimos en una época de avances tecnológicos acelerados, al grado tal que lo hoy conocido se simplificará o reinventará, buscando hacerlo mejor, más práctico o vendible.

Como consecuencia, hoy estamos cada vez más saturados de información respecto de nuevos avances en implementos tecnológicos y científicos, que poco a poco han minado nuestra capacidad de asombro. Poe ejemplo, la nanotecnología es una opción de desarrollo que hoy gracias al Nano chip, abre posibilidades inmensas para diversos campos como la medicina.

Los videojuegos son otro claro ejemplo, porque desde la invención del Atari hasta las últimas versiones de juegos 3D, hay poco tiempo (entre 30 y 40 años) Los niños de hoy ven este tipo de juegos con naturalidad sin sorprenderse, después de todo son parte de su entorno cultural “natural”. Pero, ¿sin mantener nuestra capacidad de asombro, ¿qué tan factibles es poder generar nuevos implementos o soluciones a los problemas que nos aquejan como humanidad? Tal vez vivamos dependiendo del producto del asombro de los demás. ¿Qué piensas al respecto? ¿Aún te asombran cosas de la vida, del mundo, de ti? ¿Has buscado saber sobre lo que te ha asombrado? Recuerda que cuentas con recursos como la biblioteca, la computadora, asesorías. Programas jóvenes para la investigación que pueden ayudarte a encontrar respuestas a las preguntas que pueden resultar de tu asombro, porque la capacidad de asombro es característica del ser humano, sin ella perdemos el poder de sorprendernos profundamente, perdiendo la pasión, sin ésta quedaremos sin algo importante que nos hace verdaderamente humanos.

 

Prof. de filosofía EPO 181.

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