EL MIEDO

JERONIMO DOLORES LUGIOSEKA*

         Desde que el hombre es hombre, el miedo es inherente a su naturaleza humana, nace con él, vive con él y muere con él. La historia universal narra un tipo de miedo presentado en las fuerzas de la naturaleza. Describe por ejemplo: un terremoto, un huracán, la erupción de un volcán, como elementos que siempre estuvieron presentes  en la vida del ser humano, más no sabe la explicación de dichos fenómenos naturales. El miedo se posesionó de sus vidas, mostrando con ello la explicación que los dioses mostraban su enojo. Conforme transcurría el tiempo, con ayuda de la razón o el uso de la inteligencia, el hombre fue encontrando una explicación lógica de muchos fenómenos y acontecimientos, finalmente,  la ciencia parece ser la explicación de todos los fenómenos naturales y sobrenaturales ocurridos en los tiempos y todas las latitudes. Como te habrás dado cuenta, la amenaza de la naturaleza no es provocada por el ser humano, porque son factores de intervención de leyes naturales.

      El miedo paraliza nuestra voluntad y nuestro razonamiento, piensa por ejemplo, si alguien nos amenaza con un arma, no sabemos qué hacer de  momento, el agresor cumple con su capricho. Este tipo de miedo es el que vivimos actualmente en nuestra sociedad. La primera forma de miedo hoy se conoce su esencia, no así el segundo. Ésta es la más temerosa. Ante ésta segunda amenaza, la sociedad civil parece no tener elementos necesarios para explicar, y sobre todo cómo enfrentarlos. Ese terror que existe en nuestras calles de la ciudad, las veredas de nuestras colonias, el miedo es cada vez más latente. La inseguridad provoca miedo, al tal grado de no saber si cuidarnos del ladrón o de la propia policía. Este tipo de miedo causa a nuestra sociedad un escepticismo, sobre todo a nuestras autoridades; a tal grado parece ser que vivimos en un mundo ingobernable, donde los ladrones, las armas todo lo controlan, dejando a un lado las instituciones y las leyes; incluso hasta con cierto prejuicio he llegado a pensar que el gobierno ya no puede más. Nuestras instituciones parecen ya no tener control sobre aquellos que provocan el miedo en nuestras calles, tanto así que lo hacen a plena luz del día. Los hechos son innumerables: Las muertas de la frontera, el asesinato de jóvenes en varios estados, cadáveres arrojados en Acapulco, Jalisco. La razón de todo esto es para mí, una falta de autoridad, no solo en el gobierno, sino también en nuestros hogares. El miedo a la denuncia  es un factor que debemos utilizar para unir esfuerzos de combatir la delincuencia. Adelantando una solución, es necesario hacer las siguientes preguntas a manera de reflexión: ¿Cuál es la solución a este mal? No soy un especialista en el asunto, pero pienso que la mejor respuesta es “La mejor defensa es el ataque”, el ataque no es arma con arma, sino exigir al gobierno que ponga orden, primero en sus corporaciones, después en las calles, por supuesto que el orden también debe empezar en el hogar y en uno mismo. La delincuencia organizada es la más temida en varias partes de nuestra nación; y a nivel internacional. Pienso que si se pone orden en la parte de las leyes, saldríamos salir sin miedo de nuestros hogares para realizar todas las rutinas posibles, mientras no sea así, siempre estaremos a la defensiva y cierto temor a temer a nuestros propios vecinos. Debemos unir todos los esfuerzos posibles para hacer de este país un lugar libre de todo temor.

 

DOCENTE EN LA EPO 27. TEPOTZOTLAN.

 

 

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